sábado 31 de diciembre de 2011

Mamá, soy Gabito, no haré travesuras




Una tarde, llego Gabito y me dijo “Mamá, ya se cuál es la enfermedad que tienes”. Después de unos segundos, le pregunté cuál era, pues yo no sabía que estuviera enferma y entonces él afirmó: “ Sí que lo estás”  extendió su mano sin dejar de mirarme a los ojos  y me entregó un folleto que decía “FOBIA SOCIAL”

Mientras él esperaba y estudiaba mi reacción, yo di una hojeada al folleto y al terminar de hacerlo le pregunté por qué pensaba que yo tenía esa “enfermedad”. su respuesta fue inmediata.

“Yo, ya lo leí y tienes todos los síntomas, no te gusta hablar con las personas y en las reuniones siempre te vas lo mas rápido que puedas”.

No entendía por qué decía eso, así que le pedí que me diera un ejemplo… entonces comprendí.

“Las mamás de todos mis amigos, después de dejarnos en la escuela van a tomarse un café, organizan reuniones para sus hijos, platican con las “misses” y cuando yo voy a la casa de algún amigo y tu llegas por mi, nunca te quedas a platicar con ellas, me esperas siempre en el coche. No te sabes el nombre de ninguna de ellas”

Debo admitir que tardé varios minutos en encontrar una respuesta por lo menos creíble y aceptable para él, entonces, le pregunté: ¿Oye mi amor y los papás? ¿Los papás de tus amigos acompañan a las mamás en todas esas reuniones?

-¡Claro que no! ¡Ellos tienen que trabajar mamá!, bueno, tu también trabajas..y ellas no  pero…

Esa vez, aunque creo que salí bien librada del asunto de la “fobia social” no así de la culpa que durante años me ha perseguido.

Supongo que es una culpa compartida con la de muchas otras mujeres que por diferentes razones tenemos que salir de casa, trabajar y estar expuestas no sólo al reclamo de nuestros hijos, sino de una sociedad “machista” que ve con malos ojos que descuidemos las labores propias de nuestro sexo, pero que por otro lado, ve y con muy buenos ojos, que aportemos a la economía de la casa. No todos entienden que hacerlo es también un acto de amor.

Pero mas allá de todas esas justificaciones, Gabito tenía razón, había cosas por cambiar, si bien no podía irme a desayunar y organizar fiestas, podía cambiar otras conductas.

 Así que, en las noches, cuando tocaba ir por él a casa de algún amigo, estacionaba el coche, entraba a la casa de su amigo, me quedaba a platicar con las otras mamás, de temas de los que no sabía mucho  y sí, Gabito tenía razón.. a veces quería huir, me sentía fuera de lugar. Después de un tiempo, me adapté y debo admitir que hice muy buena amistad con varias de ellas.

Resolver el asunto de las “misses”, fue más difícil y creo que no logré llevarme bien con ellas. Supongo que pensaban que estaba medio loca y  recuerdo dos historias que apoyan mi hipótesis.
Una, fue el día que me mandaron llamar para decirme que mi hijo no se comportaba bien en clase y distraía a los demás alumnos.
La historia de la “miss” fue que le preguntó a los alumnos si les gustaba la forma en que daba su clase y el buen Gabito, alzó la mano y dijo que:

“Su clase es muy aburrida, repite lo mismo varias veces y todos pensamos lo mismo, usted se da cuenta y no hace nada y si los demás no se atreven a decirlo, yo sí”

Esa fue la razón de mi presencia en la escuela. Yo le pregunté a la “miss” si mi hijo en algún momento había sido grosero o le había faltado al respeto y ante su respuesta de que no era así, le dije que yo le había enseñado a Gabito a decir lo que pensaba, siempre y cuando lo hiciera con respeto y que no veía cual era el motivo de su enojo.. Su respuesta fue: "Es que también, a veces deja su bata sucia tirada en el piso"....

En otra ocasión, Gabito llegó a casa quejándose de lo cara que era la cooperativa de la escuela, los dulces, refrescos y demás, eran mucho mas caros que en las tiendas, por lo que él y varios amigos mas, habían decidido comprar lo mismo que tenían en la escuela y venderlo a un precio justo. Y terminó diciendo que a él le tocaba llevar los refrescos. ¿Sonaba bien, no? Así que fuimos al súper y compramos como 30 refrescos.

Días después, me mandaron llamar para preguntarme que si estaba enterada de lo que estaba haciendo mi hijo, me explicaron todo y yo contesté que sí lo sabía, que yo le había comprado los refrescos. Nunca olvidaré la cara de asombro de la "miss", pero yo me sentía orgullosa de Gabito y de haberlo apoyado en la economía de sus amigos.
Resultaba que habíamos violado el reglamento de la escuela, pues estaba prohibido vender. Mi respuesta fue que estaba mal, que yo no recordaba esa parte del reglamento, me disculpé, no sin antes decirle que también estaba muy mal que vendieran los productos a esos precios, que si pretendían enseñar a los alumnos justicia, debían hacerlo con el ejemplo y ofrecer precios “justos” o por lo menos iguales que fuera de la escuela.
En conclusión, no hice amistad con ninguna “miss”..
A veces me ha tocado ser papá y mamá, a veces me ha tocado ser  cómplice de Gabito, como una vez que corrimos a escondernos en un pasillo de la tienda de juguetes, después de haber apachurrado la panza a toda una hilera de osos habladores.

En fin, que a lo corto de mi vida he tomado malas decisiones, pero haber decidido ser madre.. No ha sido una de ellas. Gabito ha sido, es y será la persona que mas amo.

 
"Vuela este apunte táctico a Gabito y nuestras pequeñas complicidades”

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Y Gabito ya leyó este apunte táctico?

Gaviota dijo...

No lo sé de cierto, pero lo más probable as que no..

Gaviota dijo...

No lo sé de cierto, pero lo más probable as que no..